30/05/2020
Hace unos días aprovechando la cuarentena decidí instalar y reactivar algunas redes sociales que para mí no son o bueno no eran tan importantes, hablo específicamente de Twitter e Instagram, con el fin de que con Twitter iba a ganarme con los hilos que se crean ahora y que con Instagram quería compartir fotos, publicitar mis proyectos entre otros. Para lo cual me dispuse a querer subir unas fotos en dicha aplicación, pero me di con la sorpresa de que no tenía (a mi perspectiva) ninguna foto que valiera la pena o para ser más exactos, alguna una que me mostrara de manera casual y chévere pues.
Por lo cual hizo que recordara el hecho que no soy fotogénico y que siempre he rehuido a fotos familiares, entre amigos, compañeros de promoción, entre otros (hasta de mi propia graduación para ser exacto), todo esto con el fin de no salir mal. Y con salir mal me refiero a esas muecas raras de vez en cuando se presentan y en especial a esa boca chueca, que por azares del destino o quizás atribuido a una maldición de “bocas chuecas”, siempre se muestran en la foto y nunca en el común día a día. A esto se suma que no tengo sonrisa, razón por la cual como se imaginarán no sonrío.
Por esta razón siempre me ha causado curiosidad, el ver a las personas en sus fotos con sonrisas grandes, bonitas o mejor que sean esas mismas fotos estéticamente correctas y muy pulcras a decir verdad; ojo, que no hablo de las que son en una sesión de fotos, porque eso para que decirlo ya. Pero bueno hay fotos de las cuales no he podido escapar y que gracias a Dios son en las que mejor me veo o en las que, para tal, caso no salí tan mal; estas pueden ser consideradas como un ensayo error; quizá, o en su defecto unas de las pocas fotos que sacan cara por mí. Pero sin lugar a dudas, cuando me dicen: ¡vamos a sacarnos unas fotos! O en su defecto tengo que sacarme un selfie, sigo buscando el ángulo correcto.