A eso se reduce el amor.
Aún siento en mi silencio
como golpea su adiós.
Solo dejó una brisa eterna
dentro de mi pecho.
Las cantutas del valle pierden su color,
con la lluvia más gris de nuevo en mi pecho.
Sopla fuerte en el viento,
que desgarra con soledad.
Una tenue luz que se apagará,
sin el soplido de nadie.
Las brasas débiles han de extinguirse solas.
Los candiles se aferran,
por un poco más de luz,
resisten desesperadamente para no morir,
hasta cumplir su deber.
Alguien esta noche llorará
y de seguro yo también.
Donde quiera que estés, antes del sol,
desearía poder tocarte.
¡Es inútil! estas tan lejos.
¡¡Ya amaneció!! lo sé muy bien,
y sin ella no habrá una razón.
A eso se reduce el amor.