No será más que una pequeña voz en medio de la tormenta,
aunque ese sea el caso, he de seguir gritando, me alejaré cantando mis venganzas hermosas, con una dulce lumbre de mares.
Bajaré mi corazón humilde a la tierra soleada,
dejaremos nuestras almas soñar bajo la misma almohada,
la tierra de hacerse suavidad al recibir tu cuerpo de ángel.
Sentirás que a tu lado briosamente, como descansa mi cuerpo en la silenciosa ciudad,
cuando otro recuerdo llega dormido en tranquilidad.
Esperaré que me hayan cubierto totalmente y después hablaremos por una eternidad,
en el nevado de azucenas, que ya no puedo cuidar por la tempestad.
Esa sensación apunto de abrir la puerta, la última mirada tras la espalda, y saber que jamás volverás.
Dejaré mis memorias del recuerdo inútilmente, del triste alivio, al huir del lugar donde dejo parte de mi vida.
Sobrecogedora nostalgia que inundas el pecho, y ya está por llover;
Si, ya la lluvia truena.Sí, ya la lluvia pesa.
Sí, ahora la lluvia quema.
Sí, Así deben ser las despedidas, las despedidas más tristes del universo.