Mi viaje en autobús de regreso a casa consistió en ver por la ventana, mientras la música se encargaba de describir las situaciones imaginarias que hubiese deseado que ocurran. La familia me esperaba para celebrar mi retorno, luego de mi partida a una aventura en una ciudad más grande para conseguir mis sueños. Aquí estoy, por fin puedo llorar en el pecho de mamá y sentir el abrazo de papá. Gracias, los he extrañado mucho.
Luego de unos días de descanso, me di cuenta que te extrañaba. Empecé a valorar la atención que me ofrecías, pero ya era demasiado tarde, pues no escribías ningún mensaje y yo no estaba dispuesta a escribirte algo. Necesitaba llenar el vacío existente y recordé que era admirada en un tiempo pasado por mis contemporáneos ansiosos de un beso mío, y esa adoración seguía vigente exclusivamente para mí. Llené mi tiempo con conversaciones y coqueteos, fue una distracción que ocultaba mi frustración por fallar en cumplir mis sueños, y parcialmente empujaba mis deseos de verte a un abismo poco profundo.
La semana de vacaciones pasó bastante rápido. Me dio tiempo para sentirme recuperada de todas las presiones, pero saber que ya debía regresar para empezar un nuevo semestre me puso nerviosa y ansiosa. No hay mucho que contar acerca del inicio del nuevo semestre, hasta que volví a verte.
Volví a verte, con las ojeras más profundas, con el cabello más largo y la apariencia más desaliñada. Noté que en la mano tenías el libro de poesía que te regalé, y logré ver marcas de quemaduras de cigarro en tus delgados brazos que salían de las mangas desteñidas de un polo negro. Caminaste hacia mí, fijaste tu mirada en mis ojos y no pude resistirme a abrir la boca para decir hola. Y pude ver como tu rostro sufría una metamorfosis impresionante, de un rostro concentrado en alguna lectura a uno lleno de ilusión y alegría. Entonces mirarnos fue un «perdóname y te perdono» tácito. Nuestra primera tarde juntos luego de las vacaciones tuvo la misma pasión de los primeros días del semestre pasado, y terminó en haciendo el amor en algún rincón iluminado de rojo, verde y azul.
Comprendí que podía amarte y que tu amor quedaba disponible para mí. Gracias ¿qué hago?