Han pasado tantos eventos importantes en estos meses que ni sé por dónde empezar. He perdido el cumpleaños de mamá, el día de la madre y mi propio cumpleaños por perseguir mis sueños. Recuerdo cuando me alisté para mi primer día de clases de la universidad. Desperté temprano por la emoción de iniciar, llegué 5 minutos tarde porque quería mostrar cierta frescura pero sin ser irresponsable. Fue un día bastante típico, tal y como me lo esperaba. Ingresar a las clases, tomar apuntes, conversar con personas nuevas y regresar a mi solitaria habitación por la tarde. Así fue la primera semana, hasta que, luego de las clases del matemáticas del viernes, te vi pasar por el pasillo de la facultad.
Algo salvaje, algo tierno y muy delgado. Con una sonrisa coqueta, tímida y con una apariencia desaliñada, pasaste muy cerca de mí. Te intimidaste por el grupo de chicas que me rodeaba, entonces, no lo pensé mucho para decirte «Hola». Ese fue el momento mas emocionante que tuve en todo el semestre. Respondiste a mi saludo con una broma que no entendí. Continuó la conversación en las pasillos de la universidad y terminó en una despedida al frente de la universidad. La mejor conversación de todo el semestre.
Desde ese viernes por la mañana, y por unas semanas más, te convertiste en la persona más importante para mí. Te conocí poco a poco y descubrí la inmadurez propia de los 18 años. Me encontré cara a cara con tu timidez, pero me sometí al morbo en la oscuridad. Descubrí los celos cuando alguien te saludaba con un beso en la mejilla, y entendí que tenía control sobre ti al negarte el habla por algún capricho mío. Pudiste ser el soporte emocional que tanto necesitaba, pero poco a poco te convertiste en una carga a la cual soportar. Como la juventud misma, esto fue intenso pero fugaz.
Fue un sábado por la tarde, nublada como mis ilusiones, que decidiste no hablar más. Nos llenamos de resentimiento, y mi alma de lleno de un desmesurado llanto del cual viste 3 o 4 lágrimas.
No había tiempo para más. Tenía 4 ensayos pendientes, 2 presentaciones y 6 exámenes en 2 semanas. Todo se veía tan complicado, y aunque me quedé estudiando con la tristeza de no poder ver a mamá en su cumpleaños pude cumplir con todo lo pendiente. Entregué todos los ensayos, realicé las presentaciones y rendí mis exámenes. Desaprobé 3 cursos. Dí todo mi esfuerzo y me derrumbé en mi cama porque sentí que nada había servido. Partí de mi ciudad con todos mis sueños en mi mochila, pero no pude aprobar todos mis cursos. Derrumbada en la cama, anhelaba el refrigerio de las tardes, esperando a que papá regrese del trabajo y discutiendo infantilmente con mi hermano, mientras el sol se oculta tras el cerro de mi primer beso.
Mis sueños fueron tan frágiles y puestos a prueba. Terminó, estoy en un bus rumbo a casa por una semana de vaciones. Por fin, es el fin del semestre.