En el fondo más lejano de la noche
se apaciguan tus ojos,
se distancian como deseos perpetuos.
A veces prefiero no evocarlos pero
no tengo salida,
me es irremediable esa turbulencia con que
destrozas la luz
sin importar el número ni la letra.
No tengo más respuesta que el silencio.
Debo sincerarme,
yace en tu mirada la forma inicial del misterio,
la intriga de los amores súbitos,
la rendición definitiva.
En esa pequeña puerta me detengo
para incendiar las manos repetidamente,
me aferro a tus pupilas
y no pretendo ninguna tregua,
allí descanso y me consumo.
Me reafirmo
en la existencia de tus ojos
solamente para volver a soñar,
no tengo escena,
ni óleo,
ni papel
para lo incontenible.
Salto a la noche y salto a tus ojos,
ya no hay retorno, digo.
ya no.