CUAL LLEGUE PRIMERO

Vuelve a repetirse la triste canción, abrumando de eco la habitación avejentada por el descuido del dueño, a hacer languidecer la potencia del foco apunto de quemarse, a hacer rechinar la puerta con el soplido del viento, a invitar a la lluvia que pase por la ventana malograda y enfriar un corazón con la humedad de las paredes. El tierno amor como cardo se marchita y las espinas parecen cenizas que se destruyen con el roce de cualquier objeto, permitiendo ser manipulada y arrancada al antojo de cualquiera, pero, ¿cómo regenerarla? si el agua de la confianza ya no es absorbida por sus raíces, como un poeta vetusto en su escritorio forzando su creatividad y recurriendo a álbumes de antaño para recobrar su memoria extinta, pero al parecer los recuerdos nos son suyos, son de su amada y los momentos felices no son con él, el pobre viejo solo rechina los dientes y humedece los ojos con las pocas lágrimas que le quedan y observa con detenimiento las fotos, volteando de vez en cuando los cartones para leer las dedicatorias. Con la voz áspera por el vino se cuestiona ¿por qué siguen allí las fotos? ¿por qué no se borraron las dedicatorias? ¿hasta ahora lo recuerda con amor? ¿por qué? y, ¿por qué?, el viejo tan solo sube la mirada, guarda el álbum y se acomoda en su sillón favorito, prende un cigarrillo y espera la hora del almuerzo o de la muerte, cual llegase primero ya no le importaba… La canción triste termina, la habitación vuelve a su silencio habitual y el amor vuelve a su primavera.

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