Fugacidad

El tiempo que me toma escudriñar la noche

es el tiempo que me toma el parpadeo,

la duración de la vida tiene el símil de una manzana

o viceversa,

la calle borra el rastro del desorden y lo remplaza con el caos,

o la voz del viejo, o el que ya no es niño, ni joven, ni adulto,

que no es lo mismo.

En esencia, la vida tiene el lapso equivalente al de la muerte,

de a pocos uno se muere, dicen,

pero quizá morimos varias veces. Repetidas veces.

Cuando llega la mañana tarda lo mismo el parpadeo

o la consciencia o la ilusión

de saberse despierto y estar vivo

o de todo lo contrario.

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