Vértigo

Al borde de tus miedos transitas como de costumbre,

junto a la misma ventana fría que te muestra la fragilidad del afuera,

mientras piensas por adentro y estás peor, te dices,

el filo que separa la vida de la muerte es tu despertador.

Si la mañana es agitada el café te consume,

quisieras que el aire fuese la célula final con la que muere el cáncer,

o el parpadeo temeroso inmediatamente después de una bala.

Sabes que después del paso al vacío ya no hay nada,

o al menos eso te han dicho.

Te enfrentas con el vértigo, en el duelo que paga el doble

o el triple en contra tuya y de todas formas saltas,

eres valiente, te dices,

pero no tienes agallas. Te falta mucho para saber de ti.

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