Y así paso los días de lo efímero, de lo por venir. Sientes pena y olvido aún en las cuerdas rotas de nuestras canciones.
Los gritos tan altos de unos ojos muy tristes, en pequeños restos, en cada diminuto espacio ahora vacío de tu corazón.
No preguntes si la vida me trata bien, porque los días me hacen pagar el precio de tu ausencia.
Intentando ocultar mi deseo al dormir y preguntarte «qué es de ti» en mis sueños.
Esperando el día en que las lágrimas sean cálidas sin secarse con el frío entre las mejillas.
Es que estoy tan ausente en mis recuerdos, vengo y voy con el viento.
Aseguro tu recuerdo fijo al pecho, lo que guardo de ti lo escribo en mi alma, en tinta blanca de tristeza, antes de perderme entre la niebla.
Y ya sabes que no hay problema en las promesas sin cumplir, porque nunca habrá disculpa en el olvido.