¿En qué lugar estás ahora? ¿En qué inviertes tu tiempo? A veces me pregunto que pensaría mi «yo» adolescente de mi «yo» presente. ¿Acaso se sentiría orgulloso de lo que soy ahora? Respóndete a ti mismo, y acompáñame a un breve desahogo de mi parte.
Tal vez mi «yo» adolescente se impresione por algunos logros pero se sorprendería de los problemas en que ando metido actualmente, se quedaría desencajado al saber que las pasiones de la adolescencia se mueren luego de unos años y se quedaría decepcionado al saber que el amor no funcionaba del modo que él creía. Se molestaría y negaría a aceptar que aquellos que tanto significaban en la vida, no son ahora mas que contactos sin mensajes en redes sociales.
Siento pena por mi, y es a lo que vine el día de hoy, a sentir pena. No a aceptar mis errores, ni a corregirlos. Vine a embriagarme con un poco de desahogo escrito para ustedes. Mírenme y díganme que soy un payaso dramático, y yo solo me acurrucaré a llorar mis penas. No me den soluciones, no me den consejos. Cuéntame tus problemas para que sepas que en nada caen tus palabras, pero te vayas con un nudo menos en la garganta.
Quisiera ponerme a llorar por aquello que creí que era el amor, y descubrí a golpes que no era así. Tal vez el amor de adolescencia solo debería quedarse como una fantasía para consolar a los jóvenes corazones rotos que huelen a cigarros baratos y tareas pendientes. Mejor dejar ese asunto cerrado en el pasado, de todos modos ¿qué puede importar el daño que ya fue hecho y jamás será reparado?
¡Qué pena por mí! Pobrecito. Hoy es día de llanto, y mañana es un día cualquiera. Hasta mañana.