En la tarde tendremos la noción exacta
de aquello que no podemos decir
precisamente porque a medida del paso, el devenir,
resulta más densa la figura de la distancia
que la propia distancia.
Bajo la tarde soy la propia tarde
que desvanece su imagen sin ningún tipo de temor,
no tengo el rezago del adiós y carezco de atadura.
Bajo la tarde redundo entre el final de sus colores
y el origen de su forma. No hay palabra todavía. Ningún concepto aterriza.
La duplicidad es una gran constante de la tarde:
la misma
pero tan distinta de sí misma.