¿Quién te quitó la voz? Esa que tan melodiosamente me cantaba por las noches y me arrullaba hasta que duerma. Esa voz tan chillona, que pasa de adolescente a joven y de joven a adulto, que gritaba arengas contra la injusticia social que tanto rechazabas. ¿Quién te quitó la voz? De esa tan ronca luego de gritar toda la noche en un concierto, y hospedada en un cuello tan delgado y cansado por disfrutar un concierto. ¿Dónde quedó la voz que recorría las clases? Aquella que hacía preguntas durante las clases que tanto te apasionan, aquella voz que suavemente explicaba a quienes se distrajeron, aquella voz que buscaba respuestas y solo generaba más preguntas.
Te quitaron la voz de la que me enamoré, la que era capaz de transmitir la pasión luego de una lectura intensa, la que preguntaba sin dar respuesta, y la que daba respuestas para cuestionarse a si mismo. La voz irreverente ante la burla, la voz que en un melodioso francés conquistaba a los oídos de quienes por primera vez lo escuchaban.
Te quitaron la voz. Callaste ante las bofetadas, callaste antes el chantaje emocional, y callaste porque la vida se trató de callar para que otro grite. Se acabó tu turno en la vida, y la recompensa será el canto más melodioso que jamás hayas escuchado antes, y será tu obra, será tu voz en otros pulmones.