Yo recuerdo la inocencia que sustentaba mi sonrisa, luego de imaginariamente alcanzar mis sueños. Llegaba a casa y podía tirarme a descansar sin problemas en la cama, sabiendo que tres exámenes me esperaban al día siguiente y que dos tareas estaban incompletas. Desarrollé el hábito de tener algún ruido de fondo para llenar la atmósfera de mi habitación, algún programa de televisión que había visto como 4 veces acompañaba a mi mente en sus tareas cotidianas, ya sea hacer algún trabajo o en simplemente prepararse para dormir.
Recuerdo una tarde de julio, tener veintipocos años y acostarme a recordar los besos juveniles llenos de pasión que solía recibir de algún par de labios sensuales cuyo aliento era una mezcla de ron con mis cigarros baratos y de pronto cortar todo metraje mental para plantearme un futuro lleno de éxito, y sobretodo, de felicidad. Esos sueños eran tan bellos y llenos de inocencia, y a la vez tan frágiles que ahora que lo pienso eran igual que las alas de una mariposa, tan libre y capaz, cortando el viento con la aerodinámica tan elegante que solo un insecto tan bello puede permitirse, de flor en flor o de chica en chica. Tal como cualquier tipo de vuelo, terminó.
Hoy mis sueños quedaron como las alas de una mariposa aplastada por un periódico arrugado, como pisoteados por cualquier peatón que circula con apuro, como la vida misma. Ahora es basura que nadie se molestará en recoger.