Cusco el inmortal, tus calles bellísimas que adornan tan hermosa ciudad, tantas veces que me perdí mirando el cielo desde San Blas, recuerdos que de mi memoria no se borrarán, historias aquí e historias allá, guardando experiencias en ti, mi querida ciudad.
Siendo escenario de majestuosidad, de incontables ceremonias mágicas cual célebre tradición, sean incontables los asistentes a la procesión.
Sepamos admirar tal don, de ser risueña en su corazón, y que la ovación que intenta ser, este simple verso, que lleva un toqué de timidez y admiración, sea suficiente para saludarla hoy.