Acabo de despertar por que tengo un contrato que me obliga a sentarme frente a una computadora hasta las 4pm. Tomaré una ducha pues la apariencia es lo primero que evaluarán. Sonreiré hasta la hora del almuerzo y luego me dedicaré a trabajar en un cubículo en tareas ridículas que serán automatizadas en 3 años. He bostezado a un ritmo de 3 veces por hora y realmente solo quiero una cosa, dormir en mi cama.
Y es que no estoy narrando la situación de un asalariado frustado por no poder dedicarse a una actividad que realmente disfrute, te estoy contando sobre el único consuelo que tengo de la pesadez de la rutina y la vida. Llego a casa muerto de hambre, realmente he evitado comprar una hamburguesa porque no quería hacer cola y conversar con el cocinero, he rechazado la invitación a una cena en casa de un amigo por quedarme hoy en casa, he acelerado el paso para abrir la puerta de mi habitación y sentir el aire cálido acumulado del día. Aquí puedo tirarme de cara en el colchón y dormir. ¿Para qué? Es el único consuelo del tedio de la vida, es el único consuelo de la nostalgia que me invade, es la pausa de los pendientes en el trabajo, es el silencio de los mensajes no contestados y es una gota de muerte con sabor a comodidad.
Dormiré y no comeré, me quedaré feliz sin más mensajes, sin más llamadas y sin preocupaciones. Dormiré y olvidaré que es tu cumpleaños, que debo felicitarte, que me contaste que estás triste y que necesitas compañía. Dormiré y olvidaré por unas horas que me sangra el alma y que nada va a repararla.