Te pasaste las noches sufriendo en silencio, recostado en posición fetal, dando la espalda a la pared para quedarte viendo la televisión hasta que el sueño caiga sobre tus párpados hinchados del llanto que te refrescó el alma por unos minutos, pero eso no te hace un héroe.
Estuviste evadiendo salir con tus colegas y escapando de cualquier reunión con excusas que eran obviamente un llamado de auxilio pasivo, te fuiste corriendo a encerrarte en tu habitación para que el silencio te haga un nuevo nudo en la garganta que retuviste hasta la noche. Sabes que quieres compañía y conversar, pero no eres capaz de quedarte 5 minutos compartiendo con quienes pasas tu día. Tu consuelo es poner ruido de fondo para callar tu soledad.
Te preguntan si te sientes bien o no, y siempre contestas que todo marcha bien. Eres un inútil incapaz de expresar adecuadamente tus sentimientos a quienes tanto te aman y tu sufrimiento pudre cada día tu alma, te justificas a ti mismo diciendo que no quieres preocupar a nadie. Y lograste lo contrario, no pudiste prever todos los detalles. Aquí estás, mi mejor amigo y mi hermano del alma, colgando de tu única corbata, de la viga que tu habitación alquilada. Pues vete bien lejos que toda la carga me la dejaste escrita en una puta carta.