Escogiste las flores del otoño, de la luz azul oscura por la madrugada.
Encontramos frágiles los campos, aún verdes en el ocre de nuestra soledad.
Cerca de los sauces que lloran con el viento, decaen sus ramas vacías de hojas como el de aquellas ilusiones.
El río gris nos habla, liviano, sin carga e insatisfecho.
Nos cansamos de seguir mirando las nubes negras, esperando aquellas gotas de ternura.
Nos convertimos en la hierba sacudida por el viento y bailamos en tormentas de nostalgia.
Nos cansamos de esperar las estrellas nocturnas rebosantes de esperanza.
Pero llegamos hasta el ocaso de los días venideros, llegamos acompañados de auroras en recuerdos, nos hicimos como robles y florecimos como rosas en los pedernales.