-¿Cómo estás?
-Bien.
Esas cuatro letras de respuesta representan una gran mentira. No me culpes por mentirte y es que no quiero preocuparte, no quiero incomodarte. Yo no estoy bien hace mucho tiempo. Yo confio en ti y aprecio cada una de tus palabras, pero las cosas han cambiado bastante. Sé que ya no hablamos como antes, como aquellas tardes que abarcaban conversaciones desde los problemas adolescentes con las citas con chicas, hasta una posible conspiración en el gobierno. ¡Vaya! si que nunca faltaban los temas, y que hermoso el silencio mientras el humo de los cigarros nos rodeaba. Extraño eso, lo añoro, pero acepto que no volverá como antes. La vida ha cambiado.
Bien. Esas cuatro letras, el escudo de mis sentimientos. Yo oculto lo que siento, me limito a contar mis problemas y no me muestro preocupado. Ya no nos vemos, no nos veremos en un buen tiempo y es por eso que cada mensaje es valioso para mí. Cada mensaje debe estar cargado de las risas adolescentes del pasado, cada mensaje que te envio debe ser tan picante como sólo los jóvenes lo hacen, cada mensaje debe hacerme olvidar lo que me pasa, cada mensaje es una anestesia del dolor que me da la vida.
Perdóname amigo mío, sabes que te amo y que me quedan muchos besos en la frente para darte. Pero la vida ha cambiado, y ya no será lo mismo. He cambiado y he perdido todos los secretos que quería contarte, he perdido la alegría de ser quier soñaba por el flujo de seguir viviendo. He muerto tan joven, que he olvidado que es tener un amigo.