Me invadió un tristeza profunda cuando decidiste que dejarías de hablarme. No voy a obligarte a quedarte a mi lado, pero no quiero que te vayas sin antes decirte lo que siento.
Estos días han sido maravillosos, y es que nunca había abierto mi alma así a un desconocido. Para mi ya es difícil hablar con un amigo, y más aún abrir mi alma sin sentir que todo es un error. Yo sabía que esto era casual, que no habría sentimientos pero si descubrí que podía confiar. Te he contado sobre mí y he disfrutado saber sobre ti. No voy a olvidar las anécdotas de las que me hablaste y ya revisé las películas que recomendaste.
Yo no elegí ser lo que soy ahora, me lo dio la vida sin que lo pidiera y lo acepto, yo quería algo de discreción hasta que supieras que lo que represento es una fina piel de lo bueno que puedo ser por dentro. Soy cínico y mentiroso, atrevido y ardiente. Soy un buen oyente, doy malos consejos y soy muy paciente y comprensivo. Estoy hecho de aquello de lo que todo el mundo repudia. Soy pasión, mentira y comprensión. Soy «el último vaso de cerveza de la noche». Una mentira dulce.