Es un día de abril ya ni recuerdo que fecha, me encuentro en mi terraza observando la ciudad a mi alrededor, acumulado de monstruos amurallados y diminutas áreas verdes, un par de respiros y se me viene a la mente algunos recuerdos…
La naturaleza que hoy me reclama, pues he estado más conectado con la tecnología y lo moderno que cuando era tan solo un niño, yo y ella… ahora ver el horizonte infestado de edificios y pensar que hace unos 15 años atrás aún era verde. Hoy los arboles lloran y los pastizales se mueren, solo hace falta una pandemia para que la humanidad vuelva a donde pertenece, y mire al mundo con mirada natural.
Como recordar aquel olor a ciprés, el olor a eucalipto, el olor a roble o el olor simplemente a tierra húmeda… Hoy las montañas rebosan de alegría, un amanecer nublado pero con un final despejado, un sol radiante que alumbra desde un solo lado, los pájaros que hacen piruetas en el aire y algunos perros ladrando de ansiedad, extrañados por no ver gente en las calles.
El viento que transita con libertad por las avenidas, algunas abejas y moscardones zumbado por los oídos y los tejados de las casas con musgos, uno que otro picaflor cantando y saltoteando sobre las flores, y a lo lejos algunas voces que en realidad es el bullicio de las tortolas dueñas de las vías.
La visita de una mariposa a mi jardín, es tan lindo contemplar todo lo creado, pues ahora digo nos hemos vuelto ciegos, preocupados por la tecnología, preocupados por el sistema, destruyendo nuestro hogar el planeta, pero la propia vida se abre camino.
La pachamama se da un respiro y la luz de la luna que nos recuerda que la naturaleza resplandece. Ahora comprendo el porqué de nuestros antepasados en cuidar y conservar la naturaleza, en cuidar lo creado. El mundo natural esta en perfecta sintonía, pero el hombre es quien abusa de ese privilegio.
Una vez más la naturaleza se abre camino y así como de pronto solea y se nubla, te llena de frió o calor, con un delicado toque roza mis mejillas, mueve mis párpados y alborota mis cabellos, es el viento que sutilmente pero poco perceptible me recuerda que nos ama, nos reclama que la cuidemos.
Que esta pandemia nos sirva de lección. Salvemos el planeta.