No quiero caer en el cliché de enaltecer mi tendencia solitaria. Aquellos que se quedan solos dicen que saben disfrutar de la buena compañía, ellos mismos. Eso suena tan pretencioso que ni vale la pena discutirlo. Lo que no sabes es que detrás de ese silencio mio se oculta una mente desorganizada que grita desesperadamente por un poco de ayuda. La peor parte es que no sé que tipo de ayuda.
No quiero escucharte, pero no porque seas aburrido, mas bien porque realmente no sé que responderte. Quiero complacerte en todos los sentidos pero nunca parezco llevar la conversación a un resultado que te agrade.
Cuando voy a dormir pongo la televisión en un programa que no presto atención porque me hace sentir menos solo y llena el vacio de mi soledad, soledad que no pienso abandonar pero quiero evitar. Ese es mi problema, y que empecé a aceptar esta condición. ¿Qué acabo de escribir? Es tan complicado que pueda expresar que amo esto, pero que lidio por evitarlo, y cuando me toca poner una solución yo escaparé por miedo a cambiarlo.
Eso me pasa contigo, te amo, pero no te quiero a mi lado. Eso pasa conmigo, te amo y no voy a abandonarte. Te amo, pero he romantizado el dolor de no ser correspondido que ya es parte de mi vida. Te amo, pero no me ames pues no sabría como amarte.