No pueden culparme de como soy, de como me siento o de lo que deseo. Tu cuerpo, es para mí un trofeo. Es el premio al juego de la seducción. Mi cabeza se llena de pensamientos ardientes cada vez que tengo en mente tu desnudez, y me cosquillea el pubis de tan solo saber que las sábanas terminarán en el suelo, que te clavaré en la cama hasta convertirte en una costura más del colchón o que pecho y espalda se juntarán para terminar dejando nuestro aliento en la ventana.
No conozco tus colores favoritos, no me importa hablar de tus últimas vacaciones o de los problemas del trabajo. Hoy quiero conocer tu sexo con mi lengua, y que rebusques en cada centímetro de mi piel eso que no puedes encontrar en la soledad de tu vida. Por eso estás aquí, eres incapaz de sentirte pleno contigo mismo y me necesitas para eso. Eso soy yo, el modo de hacerte sentir un poco más feliz. No me importa serlo, tú eres lo mismo para mí.
¿Quieres una cerveza para sentirte mejor? Bébela. ¿Quieres un cigarro para calmar tus nervios? Fúmalo ahora. Pásame el humo de tus pulmones y finge que tu beso es de esos apasionados de amor. Realmente, no me interesa hoy. Voy a poseerte, hoy tu saliva terminará en cada centímetro de piel que tengo. Vas a sentir la humedad de mi sexo cálido. Vas a romper toda regla de masculinidad o femineidad. Hoy somos masas de pasión fundidas de saliva y gemidos.