Así es, porque el tiempo no descansa. Porque los días siguen pasando, porque querramos o no, tenemos un público. La sociedad es nuestro público, y nosotros somos los payasos, los responsables de hacerlos reír, llorar, emocionarse, aplaudir. Nos aferramos a la sonrisa falsa del show, esa que le damos al público, esa que te carcome por dentro, la que sabes desaparecerá tras bambalinas, la que oculta el llanto desgarrador que llevas por dentro. Diría que la mayoría no entiende, no entiende la magnitud del show, se creen espectadores, creen que sus aplausos llenan de alegría y regocijo al comediante, el cuál, por cierto, somos todos. No captan la inmensidad de la situación, cada acto es una actuación, día a día: «Luces, cámara y acción»